Por Nicolás Batalla
Argentina es un país que tuvo durante los últimos cien años una alternancia entre gobiernos democráticos y de facto. Desde 1983, y con la asunción a la presidencia por parte de Ricardo Alfonsín, se continuó ininterrumpidamente con un sistema de gobierno democrático; es decir, rige lo que se denomina democracia representativa.
Ahora bien ¿qué es la democracia representativa? Podríamos afirmar que es el modo en que una persona llega al mando como representante de una mayoría que previamente ha ejercido su derecho de votar.
La acción de elegir un representante es mera y totalmente individual y conlleva, en algunos, un trabajo de reflexión muy profundo, aunque en otros casos, el sufragio no es más que un trámite obligatorio donde el acto de elegir a un representante se torna perezoso e irresponsable.
Partiendo de esta premisa, es decir, que los motivos de elección de un representante son muy variados; me permito contradecir el argumento de “Sufragio Universal” de Isaac Asimov, en donde en 1955 tiene una visión retorcida del futuro:
“En el futuro, la ciencia computacional podrá realizar importante predicciones siempre que a los ordenadores se les suministren todos los datos necesarios. Así en las elecciones presidenciales del 4 de noviembre de 2008, a Multivac sólo le hace falta indagar el parecer de una sola persona para deducir cuál sería el resultado si votase todo el pueblo” (Extracto del argumento)
Debemos votar con responsabilidad y conscientemente, debemos sentirnos individuos libres y no estar sujetos a la opinión de una masa indefinida; de no ser así definitivamente pasará lo que predijo Asimov: “con indagar una sola persona, basta para conocer el resultado de todo el pueblo”




