Columna de Opinión
Por María Victoria Forzani
Ya pasaron casi dos semanas desde las votaciones, parece que el tiempo fuera imperceptible ya que no nos damos cuenta de la rapidez con la que transcurre. El tiempo lo asimilamos de una manera tan gradual o paulatina que se convierte en algo impalpable, aunque siempre está presente. Esta idea puede ponerse en observación y hacer una reflexión con la noción de comunicación. Hoy en día, la comunicación es una herramienta que convive con el hombre y que a su vez lo construye. La información y los discursos, que constantemente recibimos, pueden asimilarse de una manera muy veloz. Esto genera que, muchas veces, se consuman y se crean verdaderos ciertos mensajes sin hacer un análisis previo o una mínima crítica.
Los hombres se abstraen en el mensaje de los medios y muy pocas veces lo refutan en la realidad, incluso cuando, en muchos de los casos, la realidad está frente a sus narices. Esto se asemeja a la idea de que los medios de comunicación poseen la capacidad de crear conocimientos verdaderos por el simple hecho de que sus receptores los interpretan como tal. Por lo tanto los mismos espectadores se encuentran conectados en un gran círculo de interpretación, que va haciendo más verdadero al mensaje cuanta más gente forme parte del mismo. Es por esto, que se vuelve cada vez más intangible la forma en la que uno cree en los discursos y cómo los comunica.
De esta manera y con el poder que conlleva el acto de comunicar, queda implícita una gran responsabilidad de los dueños de los medios y de los comunicadores sociales. Y es en este punto donde se pone en juego la objetividad del comunicador. ¿Existe la objetividad?
Tenemos bien en claro que no existe la objetividad absoluta, ya que en el momento de realizar un encuadre, un recorte, una selección de palabras, qué decir y qué dejar afuera, estamos dándole nuestro tono subjetivo al mensaje. Lo que sí existe es la responsabilidad, para que al momento de crear la noticia, sigamos informando sobre los hechos reales y no deformar o desinformar sobre la realidad. Esto es lo que muchas veces sucede cuando los medios sólo intentan negociar utilizando la comunicación o cuando responden a ciertas ideologías, partidos o tendencias. Entonces, se adecuan a los intereses ajenos y no responden a la necesidad de informar. Por lo tanto, si utilizan la comunicación como una forma de comerciar, ya que monopolizan la información, y los mensajes sólo intentan vender, empieza a perder sentido el acto mismo de comunicar. Además, cuando los medios están seducidos por los beneficios políticos tienden a tergiversar la información o mostrar sólo una parte de la realidad, una parte de la que sacan provecho. Esto se debe a que responden a los intereses de cierto partido y, de esta manera, entran en el juego de las conveniencias políticas. ¿Acaso la comunicación no es un derecho social que nos corresponde a todos los ciudadanos? Si usan la comunicación para responder a los intereses individuales, este derecho no se cumple.
En el marco de las elecciones, es cuanto más explícita queda la posición de los medios. Ya que en tiempos electorales los políticos quieren dejar una buena imagen de ellos mismos, y sus mejores tácticas son realizadas a través de los medios de comunicación.
Un ejemplo innegable es el caso de El Diario de Paraná, su fuerte tinte oficialista dejó explícita, en las semanas de las elecciones, la construcción de la imagen de Urribarri y Cáceres como aclamados políticos. Los títulos construidos con palabras que se impregnan en la opinión de la gente, tales como la unión, la creencia en la gente, no defraudar a los ciudadanos, el respeto por todos, los recorridos por los barrios, estar junto a su gente, un ciudadano de a pie. Las fotos que utilizan para las notas muestran a Urribarri con la gente, feliz, como un líder, con planos contrapicados que engrandecen y sobresalta la imagen del político.
En el marco de las elecciones, es cuanto más explícita queda la posición de los medios. Ya que en tiempos electorales los políticos quieren dejar una buena imagen de ellos mismos, y sus mejores tácticas son realizadas a través de los medios de comunicación.
Un ejemplo innegable es el caso de El Diario de Paraná, su fuerte tinte oficialista dejó explícita, en las semanas de las elecciones, la construcción de la imagen de Urribarri y Cáceres como aclamados políticos. Los títulos construidos con palabras que se impregnan en la opinión de la gente, tales como la unión, la creencia en la gente, no defraudar a los ciudadanos, el respeto por todos, los recorridos por los barrios, estar junto a su gente, un ciudadano de a pie. Las fotos que utilizan para las notas muestran a Urribarri con la gente, feliz, como un líder, con planos contrapicados que engrandecen y sobresalta la imagen del político.
El diario Uno, no es de la misma manera que El Diario un secuaz oficialista. De alguna manera no intenta resaltar o preponderar la imagen de un solo político sobre las otras. Pero, en las últimas semanas previas a las elecciones, deja explícito de una u otra forma que el resultado de las elecciones provinciales ya estaba definido, dándole toda su ovación a la fórmula de Urribarri, dejando en duda y poniendo foco solamente en las municipalidades.
Cada uno de estos diarios puede tener sus ideologías, sus intenciones e inclinaciones. El diario Uno responde a sus intereses para poder lograr mayor trascendencia, para igualar o superar la trayectoria de El Diario. A su vez, este último obtiene sus beneficios al ser oficialista. Cada uno de ellos actúa según sus conveniencias. Por ello es que el ciudadano debe ser crítico cuando interpreta los mensajes. Porque, de esta manera, podrá tener sus propias opiniones y no pensar de la misma forma que imponen los medios.

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