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sábado, 5 de noviembre de 2011

El periódico de cada día


 Crónica por Mercedes Aguilar

Día 1-Domingo 16 de octubre de 2011:

Raúl y Sara se levantaron temprano, como  todos los domingos y todos los días en esa vida de jubilados y abuelos.
Sara fue hasta la puerta y encontró El Diario que, como siempre, José, el diariero de la esquina había tenido la amabilidad de acercarle. Se fue a la cocina y preparó el mate mientras Raúl iba a la casa de su vecino, y también hijo, que terminaba de leer el Uno, que su papá se llevaba para ojear.
Cuando Raúl volvió, Sara ya leía su periódico y comentó “Mirá Negro, acá, en la cuarta página hay una entrevista a Urribarri y después, en la 6, habla un tal Cáceres, ¿ese quién es?”. Raúl, el Negro, se sentó y cebó un mate, “es el candidato a vicegobernador” dijo ojeando su ejemplar del diario Uno. “Vos sabés bien que esto de las elecciones me cansa, se acaparan todo el diario con eso, encima en el tuyo es peor, acá solamente hay media página de una entrevista a Busti  y otra entrevista corta a Cáceres”.
Sara notó que lo que decía su marido era cierto, en El Diario, que ella leía con fidelidad cada mañana, las entrevistas y noticias sobre las elecciones que se acercaban acaparaban gran parte del periódico y también comprendió que había dos nombres que se repetían constantemente: Urribarri y Cáceres.
“¿Qué vamos a comer hoy?” preguntó el Negro mientras se iba a arreglar las plantas. Sara decidió que terminaría sus reflexiones preparando carne al horno.

Día 2-Lunes 17 de octubre de 2011

“Urribarri busca recuperar posiciones en el Congreso” decía el título de las páginas 4 y 5 de El Diario de ese día. Sara le preguntó al Negro qué decía en el Uno sobre las elecciones. “Nada, ¿por qué?” retrucó Raúl indiferente mientras tomaba un mate y ojeaba la sección de deportes. “Porque acá hablan sobre el Congreso y los candidatos a diputados nacionales y sobre el gobernador y esas cosas, así que si querés después te fijás acá”. Raúl siguió leyendo algo sobre Patronato y le alcanzó un mate a su mujer murmurando “acá de las elecciones ni noticia”.

Día 7-Sábado 22 de octubre

La semana había transcurrido lenta y tranquilamente, Sara y Raúl leyeron los diarios todas las mañanas y se encontraron con alusiones mayores o menores a las elecciones en esas páginas grisáceas.
En ese sábado,  Raúl pasó por lo de su hijo y cuando volvió a su casa Sara y estaba leyendo El Diario. “Qué bueno que estemos en veda, en el Uno no se dice nada sobre las elecciones, sólo detalles sobre la organización” comentó el Negro, para quien el período previo al sufragio era una tortura propagandística. Sara agregó riendo que en El Diario se hablaba de la “tranquilidad” de la gente en ese tiempo de veda y comenzó a leer la sección de Sociedad.

Día 8-Domingo 23 de Octubre

Finalmente llegó el día de las elecciones, Sara y Raúl se levantaron más temprano que de costumbre para leer los periódicos y luego ir a votar. En ambos diarios se ofrecía información general sobre el sufragio, ninguno agregaba grandes novedades a los temas que se había tratado durante la semana.

Día 9-Lunes 24 de Octubre

El lunes posterior a las elecciones Sara y el Negro leían cada uno su periódico intercambiando mates. Tanto en el Uno como en El Diario, se hablaba de la victoria de Urribarri y Cáceres en la provincia. En el primero se hacía referencia no sólo a la reelección de Urrubarri, sino que también se hablaba de los resultados y reacciones de los opositores, mientras que en El Diario se publicaban entrevistas a Urribarri, y se hacía referencia principalmente a él y las consecuencias de los resultados electorales.

Día 10-Martes 25 de Octubre

Raúl leía la entrevista a Sergio Urribarri publicada por el Uno, que se anunciaba en la tapa y se extendía durante casi toda la tercera página de ese periódico. En un pequeño recuadro, un comentario aludía al paseo por el centro de la ciudad que realizó el gobernador el día posterior a las elecciones. Sara en cambio ojeó El Diario sin encontrarse con referencias al sufragio o sus repercusiones, hasta que llegó a la contratapa, en la que una nota de color relataba sobre ese paseo del gobernador.
“Viste Negro, cada uno de los diarios dijo la suya sobre las elecciones antes y después” reflexionó Sara. “Por supuesto, cada uno tendrá sus amistades e intereses pero, en fin, ambos hablan sobre lo que pasó, y sobre lo que dicen o dejan de decir, yo me hago mi propia idea”.  

La responsabilidad de comunicar

Columna de Opinión
 Por María Victoria Forzani

Ya pasaron casi dos semanas desde las votaciones, parece que el tiempo fuera imperceptible ya que no nos damos cuenta de la rapidez con la que transcurre. El tiempo lo asimilamos de una manera tan gradual o paulatina que se convierte en algo impalpable, aunque siempre está presente. Esta idea puede ponerse en observación y hacer una reflexión con la noción de comunicación. Hoy en día, la comunicación es una herramienta que convive con el hombre y que a su vez lo construye. La información y los discursos, que constantemente recibimos, pueden asimilarse de una manera muy veloz. Esto genera que, muchas veces, se consuman y se crean verdaderos ciertos mensajes sin hacer un análisis previo o una mínima crítica.
Los hombres se abstraen en el mensaje de los medios y muy pocas veces lo refutan en la realidad, incluso cuando, en muchos de los casos, la realidad está frente a sus narices. Esto se asemeja a la idea de que los medios de comunicación poseen la capacidad de crear conocimientos verdaderos por el simple hecho de que sus receptores los interpretan como tal. Por lo tanto los mismos espectadores se encuentran conectados en un gran círculo de interpretación, que va haciendo más verdadero al mensaje cuanta más gente forme parte del mismo. Es por esto, que se vuelve cada vez más intangible la forma en la que uno cree en los discursos y cómo los comunica.
De esta manera y con el poder que conlleva el acto de comunicar, queda implícita una gran responsabilidad de los dueños de los medios y de los comunicadores sociales. Y es en este punto donde se pone en juego la objetividad del comunicador. ¿Existe la objetividad?
Tenemos bien en claro que no existe la objetividad absoluta, ya que en el momento de realizar un encuadre, un recorte, una selección de palabras, qué decir y qué dejar afuera, estamos dándole nuestro tono subjetivo al mensaje. Lo que sí existe es la responsabilidad, para que al momento de crear la noticia, sigamos informando sobre los hechos reales y no deformar o desinformar sobre la realidad. Esto es lo que muchas veces sucede cuando los medios sólo intentan negociar utilizando la comunicación o cuando responden a ciertas ideologías, partidos o tendencias. Entonces, se adecuan a los intereses ajenos y no responden a la necesidad de informar. Por lo tanto, si utilizan la comunicación como una forma de comerciar, ya que monopolizan la información, y los mensajes sólo intentan vender, empieza a perder sentido el acto mismo de comunicar. Además, cuando los medios están seducidos por los beneficios políticos tienden a tergiversar la información o mostrar sólo una parte de la realidad, una parte de la que sacan provecho. Esto se debe a que responden a los intereses de cierto partido y, de esta manera, entran en el juego de las conveniencias políticas. ¿Acaso la comunicación no es un derecho social que nos corresponde a todos los ciudadanos? Si usan la comunicación para responder a los intereses individuales, este derecho no se cumple. 
En el marco de las elecciones, es cuanto más explícita queda la posición de los medios. Ya que en tiempos electorales los políticos quieren dejar una buena imagen de ellos mismos, y sus mejores tácticas son realizadas a través de los medios de comunicación. 
Un ejemplo innegable es el caso de El Diario de Paraná, su fuerte tinte oficialista dejó explícita, en las semanas de las elecciones, la construcción de la imagen de Urribarri y Cáceres como aclamados políticos. Los títulos construidos con palabras que se impregnan en la opinión de la gente, tales como la unión, la creencia en la gente, no defraudar a los ciudadanos, el respeto por todos, los recorridos por los barrios, estar junto a su gente, un ciudadano de a pie. Las fotos que utilizan para las notas muestran a Urribarri con la gente, feliz, como un líder, con planos contrapicados que engrandecen y sobresalta la imagen del político. 
El diario Uno, no es de la misma manera que El Diario un secuaz oficialista. De alguna manera no intenta resaltar o preponderar la imagen de un solo político sobre las otras. Pero, en las últimas semanas previas a las elecciones, deja explícito de una u otra forma que el resultado de las elecciones provinciales ya estaba definido, dándole toda su ovación a la fórmula de Urribarri, dejando en duda y poniendo foco solamente en las municipalidades. 
Cada uno de estos diarios puede tener sus ideologías, sus intenciones e inclinaciones. El diario Uno responde a sus intereses para poder lograr mayor trascendencia, para igualar o superar la trayectoria de El Diario. A su vez, este último obtiene sus beneficios al ser oficialista. Cada uno de ellos actúa según sus conveniencias. Por ello es que el ciudadano debe ser crítico cuando interpreta los mensajes. Porque, de esta manera, podrá tener sus propias opiniones y no pensar de la misma forma que imponen los medios.  

En el medio del ruido mediático

Nota de color por Natacha Caviglia

El Diario y Uno: el cotejo

Editorial por Nicolás Batalla

   Los medios de comunicación masiva siempre fueron, y lo seguirán siendo, como lo indica su nombre, mediadores de la información que se transmite. La realidad es representada, simbolizada, segmentada por los medios de comunicación masiva y el receptor sólo conoce ese fragmento que el emisor decidió transmitir.
   En este sentido, tanto una noticia; como una crónica; como una nota firmada tienen de por sí, una necesaria e inevitable carga subjetiva del medio que lo publica. Algunas veces esa connotación se vuelve abundante y un medio, orientado por algún poder superior económico o político, brinda mayor información sobre algún tema o connota una realidad que va más allá de lo que expresan sus palabras en un periódico, o las imágenes en un medio como la televisión.
   Actualmente hay una gran cantidad de medios que cuentan con el apoyo económico de algún grupo de financistas, de algún partido político o de algún particular, eso implica, al menos en una visión realista y simplista de los hechos, que ese periódico, radio o canal de televisión no puede publicar información que perjudique a quien los financie. Eso lleva también a que se amplíe mucho más alguna información que favorezca a quien lo solvente.



   Con estos conceptos pondré en evidencia lo que los periódicos El diario y el Uno han hecho desde el 16 hasta el 25 de octubre con la cobertura de las elecciones provinciales de Entre Ríos y los cotejaré.
  
   En la gran mayoría de los casos, ambos periódicos tocan exactamente los mismos temas y le otorgan la misma importancia a las notas de la portada, es decir, que las tapas poseen la misma foto o cubre la misma noticia o acontecimiento. La única diferencia aquí radica en la ubicación de las imágenes: mientras el diario las coloca en la parte superior, el Uno lo hace en la parte inferior en algunos casos.
   Las primeras hojas que hacen alusión a la campaña, tanto nacional como provincial, si bien hablan de todos los partidos políticos, siempre refieren en mayor medida al Frente Justicialista para la Victoria, a la fórmula Urribarri-Cáceres.

   Las notas firmadas en ambos periódicos mantienen un corte de lo que cualquiera llamaría objetivismo, es decir que no se encuentran demasiadas vetas de favoritismo por un partido u otro. Pero las imágenes y propaganda dicen lo contrario: la ubicación de las imágenes más grandes del oficialismo se encuentran en un lugar privilegiado desde un punto de vista semiótico, puesto que se encuentran en las páginas impares que son las primeras que vemos cuando pasamos de hoja el periódico. Algunas notas importantes de campaña ocupan una doble apertura, o sea, en el medio de la publicación y con imágenes mucho más grandes que las demás.
   Las diferencias entre estos dos grupos de publicaciones no son demasiado grandes. Si El Diario demora un poco más en sus páginas aquellas notas referidas a la campaña, el Uno lo hace en las primeras páginas. Ambos tienen la propaganda oficialista en la misma página, pero a medida que se acerca el 23 de octubre el Uno -a diferencia de El Diario- incluye aún más sobre la candidatura de Urribarri y Cáceres, y a todos los intendentes del interior que están afiliados al Frente Justicialista para la Victoria.
   El Diario, por su parte, incluye mayor información de la campaña de Urribarri y Cáceres, y resta importancia a la propaganda propiamente dicha, aunque las incluye también. El Diario tiene una estética más agradable y más sólida, mientras que el Uno tiene una unidad de estilo más austera, con rasgos más rústicos y con imágenes menos coloreadas y de poca definición.

   A lo largo de este análisis resalta la importancia que se le otorga a las elecciones en los días cercanos a las elecciones. Y se concluye que ambos periódicos hicieron mayor hincapié en la campaña del Frente Justicialista para la Victoria que en los demás partidos.